Las noticias fuera del país son alentadoras.
- Las grandes editoriales norteamericanas han informado que las ventas de libros digitales ha significado el 27% de su facturación anual en el año 2011.
- Las editoriales españolas han reportado un crecimiento de 55% en el número de títulos disponibles en formato electrónico.
- Se rumorea que Amazon podría abrir una tienda en Brasil hasta fin de año.
- Se menciona que Barnes & Noble está evaluando la posibilidad de ampliar su mercado para el nook fuera de Estados Unidos, con un salto inicial a Gran Bretaña y posteriormente a otros países.
Ante este panorama, las editoriales latinoamericanas aún se encuentran en un estado de expectancia que puede serles fatal en un mediano plazo. Salvo aquellas editoriales asociadas a grandes grupos internacionales, donde la consigna de digitalizar viene desde arriba, gran parte del sector editorial latinoamericano aún no toma la ruta del libro digital.
Los argumentos son variados, pero uno destaca permanentemente: la pirateria. En un continente plagado de libros piratas impresos y digitales (ya hablamos de los CDs que circulan en las universidades conteniendo TODOS los libros que se requieren para una determinada carrera), todas las editoriales se enfrentan al mismo temor: para piratear un libro digital solo basta apretar un botón. El resultado: el libro digital no es producido.
El mismo temor tienen los grandes grupos editoriales que han hecho del llamado “geoblocking” (bloquear la descarga a usuarios de determinadas zonas geográficas) su herramienta preferida. Si bien han incrementado su producción, la gran mayoría de ésta no está disponible para Latinoamérica. Ha pasado con Cien años de soledad y muchos otros títulos españoles (en idioma español y publicados por editoriales españolas) que no pueden ser adquiridos por usuarios cuyas computadoras o tabletas se conectan desde paises latinoamericanos.
Las dos preguntas que deberíamos estar haciéndonos es la siguiente: Está ayudando este enfoque a reducir la pirateria? Qué ganamos limitando el acceso a ese grupo de personas que tienen los medios como para comprar una computadora o una tableta?
En el primer caso la respuesta es un rotundo no. Los públicos lectores de nuestros países son cada vez más conscientes de las distintas ofertas editoriales disponibles. En muchos casos, este público está dispuesto a pagar casi lo que sea por el título de su interés, pero al no tener la posibilidad de adquirirlo acude a la venta pirata o a los sitios de descarga P2P. Si somos concientes de como funcionan los rankings de internet sabremos que cada visita a estos sitios, genera un mejor ranking y cada libro no disponible ayuda a mejorarlo.
En el segundo caso, como resultado de lo que mencionábamos arriba, la respuesta es: los estamos alejando como clientes. Cuando un lector no encuentra el libro que busca por los canales legales lo hará por canales ilegales. Cuando requiera un nuevo libro irá directo a los canales ilegales y no se preocupará por volver a consultar en los canales legales.
En definitiva, cuando las editoriales no publican versiones digitales o limitan su consumo, en vez de enfrentar a la piratería la están ayudando. Algunas editoriales se quejarán de que sus socios locales, las librerías, no están ayudando. Puedo aceptar este reclamo en el caso de los libros impresos porque creo que las condiciones macroeconómicas, sociales y culturales de cada país, ha dificultado la tarea de mantener una librería en nuestros países y eso se ha reflejado en la calidad y cantidad de oferta bibliográfica disponible en cada país.
Pero en el caso de los libros digitales, la responsabilidad recae totalmente en las editoriales. Los libreros nos hemos convertido en simples mediadores (deberiamos ser más que eso, pero éste es un tema para otro día) y no podemos responder a la demanda de nuestros clientes. Son las editoriales quienes con un enfoque más estratégico aún pueden ganarle espacio a la piratería. Aún estamos a tiempo para evitar que, en nuestros países, lo digital termine siendo sinónimo de pirata.
Hace un tiempo un cliente mio me preguntó: “Si los estudiantes universitarios ya están acostumbrados a usar estos sitios de descargas “gratuitas”, ¿qué te hace pensar que van a ir a una librería online a comprar un libro?”. Aún no sé qué responderle, pero si puedo asegurar que limitar el acceso a los productos legales, no es el camino para evitar que sigan acudiendo a estos sitios de descargas.
Por mi parte estoy decidido a hacer la prueba, por un lado con un proyecto de digitalización de obras bolivianas y por el otro con la venta de libros digitales universitarios importados a esos mismos estudiantes. Ya les contaré cómo me va con eso.

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Estoy interesado en sus libros.
Por favor, puedes comunicarte con la libreria al mail libreria@martinezacchini.com para informarnos los títulos que deseas.