- la lectura que se practica sobre los libros electrónicos es, fundamentalmente, extractiva, fragmentaria, informativa. No suelen leerse textos extensos, profundos o complejos, si bien existe un grupo de early adopters, de superusuarios avanzados que conforman la avanzadilla de la campana de Gauss, que demandan títulos de todo tipo y practican cualquier clase de lectura sobre los nuevos soportes;
- Las interfaces de los libros electrónicos y las plataformas de distribución de contenidos digitales tienen que ganar mucho todavía desde el punto de vista del diseño, centrándose, sobre todo, en la experiencia del usuario;
- Aún así, también es verdad que el 65% del personal académico y de los estudiantes afirman utilizar el libro electrónico como apoyo informativo al trabajo y al estudio;
- Existe una importante variación por grupos de edad, sexo y ámbitos temáticos -más en economía y empresariales que en ingeniería, por ejemplo-, que requieren de un estudio de campo más pormenorizado;
- La proliferación de plataformas digitales, experiencias de navegación, artilugios y modelos de negocio o licencia, desorienta a los lectores. Parecen clamar por plataformas unificadas y universales de acceso a los contenidos, con modelos claros de precios y estructuras de navegación similares (aviso para navegantes editoriales desorientados, sin duda);
- Lo más llamativo de todo, sin duda: la venta de contenidos digitales no ha hecho disminuir la venta de los mismos contenidos en papel, no parece existir una relación negativa sino, al contrario, de refuerzo mutuo;
- Aún así, las editoriales -por la disminución progresiva de sus ventas analógicas-, tendrán que concebir nuevos modelos de negocio cuanto antes;
- Las librerías públicas y universitarias parecen jugar un papel decisivo en la introducción, promoción y comunicación de los libros electrónicos. Debemos utilizarlas más. Para determinados tipos de contenidos que se prestan estacionalmente y que constituyen un cuello de botella difícil de desatascar, el préstamo electrónico es un recurso esencial.
Los lectores (si, las personas que leen) de libros electrónicos
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Hay una palabra crucial que creo que no ha sido tomada en cuenta: la pregunta en la imagen dice:”How much of your last e-book did you read *online*?” Lo cual traduce a “¿Qué tanto del último libro-e que leíste lo leíste en línea?” Es decir, conectado a la red. Conozco personas que leen e-books, pero nadie que los lea todo el tiempo en línea; normalmente se bajan el archivo a su teléfono o computadora, y luego lo leen completo. Pero no es en línea.
Silvia,
tienes razón. Creo que es un error muy común confundir los “libros en línea” con los libros electrónicos y este error ha llegado a estas preguntas.