
Cada año, en esta época, se inicia la Feria Internacional del Libro en Venezuela y, normalmente, se genera cierta polémica en función a los libros que se exponen (generalmente pro-bolivarianos) y los que no (especialmente los importados).
En el sitio de la BBC vemos este artículo sobre la feria que toca precisamente todos estos puntos.
Este año, Bolivia es país invitado de honor por lo que la feria nos toca un poco más que años anteriores. Primero, son más de 700 títulos que han viajado hasta Caracas para engalanar el stand boliviano, pero hay algunos libros que no han podido viajar, el más reconocido: Ciudadano X que no pasó la revisión previa que se hizo en Bolivia del material que debía viajar.
En general la experiencia es positiva ya que nuestros amigos venezolanos podrán conocer parte de la producción nacional y eso siempre ayuda a que nos conozcamos mejor.Y es positiva también porque los editores bolivianos presentes en la feria podrán ver cómo anda el sector editorial venezolano, que hasta ahora se enfrenta a desafios que el sector boliviano aún no conoce, pero que podría llegar a conocer a mediano plazo.
Me preocupa especialmente este texto que se distribuye en la Feria:
Quien controla los medios de producción material, procura para sí el monopolio de los espacios de producción simbólica. El libro, distintivo clásico de la dominación cultural (…) es ahora el campo de las confrontaciones.
El libro no puede, no debe, ser campo de confrontaciones, debe ser lo que siempre ha sido: un espacio de encuentro.






