Hubo un tiempo en el que los libros tenían acceso irrestricto a todos los países. O al menos eso parecía. Desde la aparición de Amazon.com en Estados Unidos, Cúspide.com en Argentina, Casa del Libro.com, muchoslibros.com, si uno tenía acceso a los medios (computadora, conexión a internet, tarjeta de crédito) podía pedir el libro de su interés y, pasado el tiempo prudencial definido por las empresas de correos del mundo, el libro llegaba sin eso de los problemas de territorialidad de los derechos de autor.
En Bolivia recibimos las ediciones españolas y argentinas del mismo libro enviadas por las diferentes casas regionales de la misma editorial. Aún ahora Random House despacha los libros de Benedetti y de García Márquez a Bolivia a pesar de que los derechos de Garcia Marquez para la Región Andina los tiene Editorial Norma y los de Benedetti los tiene Alfaguara. Editorial Norma Argentina envia libros publicados “exclusivamente” para Argentina a librerías en Bolivia. Y estoy seguro que esto se repite en toda Latinoamérica.
Como librero, en algunos casos este actuar es una molestia, pero como lector es una bendición. Sin barreras aduaneras, ni impuestos, sin editoriales que respeten sus propios límites territoriales, los libros no tiene restricción de movimiento salvo los que pueden recibir por motivos políticos.
Pero esto está a punto de cambiar con la entrada, ni más ni menos, de las versiones electrónicas de los libros. Si bien internet es global y todos podemos acceder a páginas internet de varios países diferentes, no pasa lo mismo con los contenidos audiovisuales, por lo menos no, si lo quieres hacer de forma legal. Intenta comprar un disco por Itunes y recibes el mensaje “lo lamentamos pero este disco no está disponible en tu páis”, quieres ver “The Daily Show with Jon Stewart” y el mensaje es el mismo.
Y esto ha empezado a ocurrir con los libros. Desde hoy el Kindle está disponible para la venta en 100 países (Bolivia, entre ellos), pero con una oferta mayoritaría de los libros en inglés. Los libros en español llegarán si los editores pueden hacer caso omiso a sus miedos y abrazan las nuevas tecnologías que presentó Publidisa. Pero lo grave viene ahora:
- Los periódicos y revistas disponibles llegarán al Kindle SIN FOTOS ni ilustraciones. Aunque pagues el mismo monto por la suscripción que un usuario en Estados Unidos. Cual es el raciocinio detrás de esta restricción? Si ingreso a la página de El País, el New York Times y otros periódicos, las fotos me reciben e ilsutran mi lectura. Pero si ahora lo hago pagando una suscripción para leer el mimso periódico en la comodidad de mi jardín, debo olvidarme de las fotos….??
- Las malas siguen: “The Lost Symbol”, la saga de Harry Potter, Time Traveler’s Wife (mi nuevo favorito) y muchos otros bestsellers no están disponibles para mi “region”.Para ser justos no ocurre con todos los libros, pero estos son libros emblemáticos y si esta idea se expande pronto tendremos las áreas geográficas nuevamente divididas alimentando una indutria de la piratería que debe celebrar estas absurdas decisiones de los “propietarios del derecho de reproducción”.
Por supuesto, Amazon no es responsable de estas decisiones (como no fue Apple quien puso DRM en las canciones que se descargaban de Itunes). Pero si Amazon quiere que el Kindle sea el éxito que espera, debe presionar (como lo hizo Apple) para que las editoriales y demás propietarios de contenidos dejen de lado la obsoleta noción de “territorios”.






