Ayer, domingo 29 de agosto, terminó la 15a Feria Internacional del Libro de La Paz en un marco de mucho optimismo y satisfacción.
He estado involucrado en su organización por lo que debo aclarar que esta evaluación refleja mis puntos de vista y no los de la de la Cámara Departamental del Libro de La Paz.
La FIL se organizó este año en base al lema “Celebremos la bibliodiversidad” y la presencia de los libros de 16 editoriales agrupadas bajo la Alianza Internacional de Editores Independientes, junto con la producción bibliográfica de Italia como país Invitado de Honor, ayudaron a darle un nuevo énfasis al lema.
En el marco de la FIL también realizamos, por primera vez en Bolivia, un foro sobre el futuro del libro y la edición dentro de las Jornadas de Diálogo sobre el Libro.
Finalmente, la FIL dedicó un espacio exclusivo para realizar actividades destinadas a la promoción de la lectura entre niños y jóvenes. Este espacio fue muy concurrido y bien ponderado por visitantes y periodistas.
En las Jornadas de Diálogo sobre el Libro, la presencia de Pablo Odell y Pablo Arrieta cumplió los dos objetivos para el cual los habíamos invitado: mostrar las oportunidades que las nuevas tecnologías abren para la edición y abrir los ojos de los editores al nuevo paradigma. De mis charlas informales con quienes asistieron a las Jornadas, más el debate que siguió luego de las presentaciones, tengo la impresión de que fueron los editores bolivianos quienes captaron el mensaje de las oportunidades, mientras que los editores extranjeros parecieron enfocarse en las amenazas de la tecnología.
Los representantes de la red Hispanohablante de la AIEI, reunidos en su III Cumbre de Colectivos, dieron la bienvenida al capítulo boliviano, además de aprovechar la oportunidad de mostrar la producción bibliográfica en un stand dedicado exclusivamente a la AIEI en su condición de invitado especial a la FIL.
Estoy convencido -y las cifras de venta espero lo confirmen- que el stand ha hecho más por la visibilidad de las editoriales de la Alianza en nuestro país, que lo que pueden hacer catálogos enviados a las librerías bolivianas. Sin embargo, esta visibilidad no fue complementada con un esfuerzo activo de establecer algún tipo de relación comercial estable con los importadores bolivianos. El resultado final será que la demanda generada por el stand no será satisfecha más allá de la Feria.
Una de mis principales frustraciones durante la feria ha sido la cobertura de prensa. Sin embargo he cambiado de opinión al revisar varios periódicos hoy con más calma. He podido comprobar que , con la excepción de dos periodistas del área cultural en los principales periódicos paceños que no se acercaron a la Feria, el evento ha sido cubierto generosamente por prácticamente todos los medios de comunicación de La Paz.
La feria ha colmado la expectativa de casi todos: expositores, visitantes y periodistas y organizadores. Si bien esperábamos 80 mil personas, los 77 mil que llegaron a Següencoma suben en 6 mil el número de visitantes en relación al año anterior y nos sirven para declarar: misión cumplida.
Para terminar una constatación compartida con varios colegas y amigos visitantes: Este año hemos visto más niños/as (y adolescentes) dirigiendo/arrastrando a sus padres para la compra de libros, que padres llevando a sus hijos a elegir un libro. Es un fenómeno que espero podamos estudiar con mayor profundidad: a pesar de internet y videojuegos, los niños y niñas entre 9 y 15 años están más cerca de los libros que sus “hermanos mayores” de 20 a 30 años.
Creo que al final la Feria Internacional del Libro de La Paz, ha logrado los dos grandes objetivos impuestos: celebrar que en Bolivia podemos acceder a una gran diversidad de libros y ganar nuevos lectores.
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