Gracias a la gentileza del Ministro de Culturas, tengo la oportunidad de contar con la biblioteca de las 15 novelas fundamentales que fue publicada por encargo del Ministerio, luego de un proceso de selección que no estuvo exento de controversias en todos los niveles (desde los autores, los encargados de la selección e incluso las editoriales nacionales propietarias de los derechos de algunas de las obras seleccionadas).
El Ministro ha sido claro en destacar que esta colección no es un “top ten” de las novelas bolivianas, sino que son las obras que, a juicio de los selectores, son las fundamentales para entender nuestra historia y nuestra sociedad. Y en realidad es a partir de este objetivo que debemos hacer algunos comentarios.
La idea de las 10 novelas fundamentales partió de la intención por parte de sus promotores en el (en ese momento) Vice-ministerio de Culturas de armar una biblioteca que pudiese distribuirse en los hogares bolivianos y asi asegurar que la gran mayoria de los bolivianos conociera esas obras que han marcado de alguna manera nuestra historia literaria o han reflejado nuestra historia política.
Lastimosamente, por problemas presupuestarios, esta idea no se materializó y al final el tiraje inicial de esta colección fue de solo 1000 (mil) ejemplares y se está tramitando la posibilidad de hacer 1000 más. Un total de 2000 ejemplares que no acercan esta biblioteca al objetivo inicial trazado. El plan “B” en este caso es apostar a que las editoriales saquen ediciones especiales, aprovechando el espaldarazo que el Ministerio de Culturas les da al nombrar a sus novelas parte de esas 15 obras fundamentales. Pero esto no ha ocurrido hasta ahora.
Cómo, entonces, aseguramos que esa selección logre una mayor difusión?. He conversado con algunos colegas y hemos discutido algunas ideas y en base a esos insumos me atrevo a hacer la siguiente recomendación:
Las obras de dominio público (que son solo 4), pueden ser editadas por cualquier editorial. Algunas harán un trabajo de mayor calidad en la edición, otras buscarán ofrecer una edición popular, pero creo que hay buscar la manera de incentivar a las editoriales para que publiquen estas obras. Tal vez se puede ofrecer ,a quien se anime a editar, la opción de incluir las notas que acompañan la edición actual, en el entendido que esas notas, al ser encargadas por el Ministerio deberían estar en dominio público.
Las once obras restantes, cuyos derechos patrimoniales pertenecen a herederos o editores necesitan tener un tratamiento diferente y es donde hay más complicaciones. En ese caso, depende de la iniciativa de cada editorial y de cada heredero si se procede con nuevas ediciones. Probablemente, para asegurar que esto ocurra, se podría incorporar estos libros dentro del currículo de secundaria. A partir de esto cada editorial hará los números necesarios para asegurar la mayor difusión de la obra y de esta manera acercarnos a ese objetivo inicial de contar con una biblioteca en cada hogar.
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